Hay un momento en cualquier viaje a Islandia en el que el paisaje deja de parecer real. Suele ocurrir al salir de Reikiavik, cuando la carretera se vacía, el terreno se vuelve volcánico y el silencio empieza a imponerse. Este tour por la cueva de hielo del glaciar Langjökull, con un precio que ronda los 310 €, aprovecha precisamente ese escenario para ofrecer algo poco habitual: no solo ver un glaciar, sino entrar en él. Es una experiencia especialmente interesante durante gran parte del año, cuando las condiciones climáticas impiden exploraciones improvisadas y contar con logística profesional marca la diferencia entre observar y comprender.
Bajo el hielo, donde Islandia se explica a sí misma
Langjökull no es un glaciar cualquiera. Es el segundo más grande de Islandia y uno de los pocos del mundo que permite una visita segura a su interior gracias a un sistema de túneles excavados de forma controlada. Tras la recogida en el hotel y un trayecto que ya sirve como introducción al paisaje islandés, el viaje se detiene en Húsafell, una pequeña localidad rodeada de montañas y campos de lava. Allí comienza la parte más singular del recorrido: el acceso en camión de nieve hasta el corazón del glaciar.
Una vez dentro, el ritmo cambia. Se camina despacio por corredores de hielo compactado durante miles de años, con paredes que alternan blancos profundos y tonos azul eléctrico. El guía explica cómo se excavó la cueva, qué capas del hielo se están observando y por qué este glaciar es clave para entender la evolución climática de la isla. No es una visita larga ni exigente físicamente, pero sí muy intensa a nivel sensorial. El silencio, la acústica natural de algunas cámaras y la sensación térmica constante hacen que el tiempo parezca diluirse.
El recorrido incluye zonas amplias donde el hielo se muestra casi translúcido y una pequeña capilla excavada en el glaciar, un espacio curioso que en determinadas condiciones se ha convertido incluso en punto de observación de auroras boreales. Conviene saber que el tour dura unas nueve horas en total, con traslados incluidos, y se realiza en inglés. No es accesible para sillas de ruedas y requiere cierta tolerancia al frío, aunque la experiencia no implica esfuerzo físico relevante.
¿Cómo seleccionamos este tipo de experiencias?
Elegimos este tour por una combinación poco frecuente en Islandia: acceso sencillo desde Reikiavik, logística bien resuelta y una propuesta que va más allá de la foto exterior. Nos interesa especialmente que el viajero no tenga que conducir largas distancias ni depender del clima para improvisar, y que la experiencia esté guiada por personas que conocen el entorno y saben contextualizarlo. También valoramos que el precio, aunque elevado, esté alineado con la duración, el transporte especializado y la entrada a un espacio único que no puede visitarse de forma independiente.
Salir de Islandia habiendo caminado dentro de un glaciar cambia la percepción del país. No es solo un recuerdo visual, sino una vivencia que ayuda a entender por qué este territorio es tan frágil como fascinante. Langjökull no se recorre deprisa, se escucha y se observa con calma, y este tour consigue precisamente eso: acercar el paisaje al viajero sin trivializarlo.
Si estás explorando Islandia con tiempo limitado o buscas una experiencia que aporte contexto real al viaje, este tipo de actividades encajan bien en una planificación equilibrada. En Viajándonos El Mundo seguimos recopilando propuestas que ayudan a viajar con más sentido, menos improvisación y mejores recuerdos.
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